Conforme vamos cumpliendo años nos dando cuenta de que el tiempo es fugitivo (tempus fugit) y que se nos escapa por entre las manos como si fuera el aire que respiramos y todavía va más deprisa cuantos más años tenemos o acumulamos.
Viene este pequeño preámbulo a cuento porque ha pasado un nuevo curso y casi ni nos hemos enterado. Uno, que ha sido maestro tantos años y que la vida la mide (y lo sigue haciendo) por cursos escolares que no por años naturales, no puede ni quiere cambiar de pensar y parecer a la provecta edad a la que ha llegado. Por esa razón, el Grupo de Patchwork de los miércoles por la tarde, de Valencina de la Concepción, comandado por la agradable, dispuesta y simpática Salud, ha orquestado y organizado la celebración de nuestra fiesta particular de fin de curso, precisamente el miércoles, 25 de junio, pues no podemos ser menos (ni más) que un estudiante de cualquier etapa educativa. ¡Hasta ahí podíamos llegar…! Terminar quinto curso de patchwork en Valencina de la Concepción -con esta profe tan salá- y con buenas notas es un logro encomiable, aunque ella nos diga que nos suspende para que volvamos otro año más… Un grupo tan cohesionado y amigable como el nuestro es un hito que se ha de celebrar y divulgar a todo el mundo, pues pasa como en los matrimonios bien avenidos, en los que cada año que están juntos se alegran más de ello y lo celebran, siempre que pueden, con una comida o festejando un día especial para dar las gracias a Dios de la felicidad que gozan ambos cónyuges…





Por eso, nuestro rito, institucionalizado desde hace ya varios años, es celebrar una sencilla comida de hermandad, sellando -una vez más- nuestra amistad y firme compañerismo, como se merece cualquier final de curso que se precie, en el restaurante El Chispa (y va ya la tercera vez que lo hacemos allí; esperamos y deseamos que sean muchos más) de la coqueta localidad de Valencina de la Concepción, una cercana y tranquila población del Aljarafe sevillano, a 8 kilómetros de la capital hispalense, que casi roza los ocho mil habitantes…



Por eso, quedamos en llegarnos cada una de las alumnas (y un servidor, como alumno oyente) al domicilio de Salud, primeramente, entre las dos-dos y media, para marchar después al restaurante elegido andando y charlando, callejeando al fin, (¡ufff!, con el calor que hacía ese día, aunque algo menos tórrido que en días anteriores), para pasar un rato más que agradable, que siempre sienta bien. ¡Conforme vamos siendo mayores nos vamos dando cuenta (al fin) de lo importante que es estar y tener buena compañía, siempre que se pueda…!
Hicimos dos trayectos diferentes para llegar al Chispa y volver por la casi dormida población que tan importantes dólmenes tiene, pertenecientes al periodo Calcolítico o Eneolítico, en torno al año 3000 a. C., formando parte de la arquitectura megalítica, surgida en las costas atlánticas durante el Neolítico Medio (en torno al V milenio B.C.) que atrae a todo turista avezado que se precie.

El recorrido de ida, fue más directo y rápido, mientras que el de vuelta pasamos por algunos de los monumentos más señeros de esta población neolítica reconvertida en un pueblo encantador, cercano a la capital, que andaba desperezándose y echándose una buena siesta.
Esta vez, cuando llegamos al restaurante El Chispa, nos condujeron directamente a una fresca sala que hay a la derecha del hermoso patio-terraza de la entrada, en la que no notamos la estación del año en la que estábamos hasta que volvimos a salir. El aire acondicionado se agradece cuando está puesto en su justa medida…
Éramos ocho comensales, incluida la maestra, que estábamos dispuestos a satisfacer nuestras ganas de comer plácidamente, pues a esa hora todo está bueno, corroborando lo que decían la mayoría de mis “compas”, amas de casa y cocineras consumadas todas ellas, «a mí, lo que me pongan en la mesa, me gusta, sabiendo que no tengo que hacerlo».


Tanto por el camino de ida como el de vuelta nos topamos con varias majadas de perro, con una notita hecha a mano en cada una de ellas, recordándole su autora que el ama (o amo) que permite a su perro hacer eso en plena calle es una GUARRA o GUARRO (no se veía bien la terminación y no era cuestión de remover la mierda para ello). No es mala idea, aunque el amo (o ama) de ese animal que ha hecho la majá se lo pase por el arco del triunfo, con perdón... ¡Cuando no se tiene civismo y educación, qué vamos a esperar¡ Esto es un mal que lo padecemos en todo el territorio nacional, lo mismo en el centro turístico de Sevilla o en el barrio histórico de mi querida Úbeda…

La comida transcurrió plácida y parsimoniosamente, pues estar durante casi dos horas con un grupo de amigas que charlan de lo divino y humano hasta por los codos, pidiendo cada cual lo que le viene en gana, comiendo en plan de tapas y a voluntad, no se lo salta un galgo. De entrada se acordó que fueran tres por cabeza, aunque el que esto escribe se pasó en una más. Solomillo al whisky, solomillo Roquefort, tosta de Foie de pato, ensaladilla de gambas, salmón ahumado, tapas de BAO de calamares o carrillada, etc. nos supieron a gloria y bien que se complementaron con los exquisitos postres que pedimos algunos -que no todas- pues el dulce y la amenaza real de los kilos son los dos grandes peligros y enemigos de nuestra edad y civilización occidental, en donde la superabundancia de que gozamos hace que el bienestar dietético y la nutrición personal pase por el sacrificio del ayuno y/o la abstención o abstinencia, en determinados momentos del día o la semana, de los alimentos más tentadores y pecaminosos que trae implícita la gula....




El tocino de cielo, la tarta de limón, la tarta de chocolate negro y una tarta de LOTUS (galletas especiales, riquísimas…) colmaron las expectativas de los que sí tomamos postre dulce a costa de coger algún quilito de más, que se habrá de perder con algún ayuno intermitente (vamos, no cenar, como se ha dicho y hecho siempre, aunque ahora lo estén poniendo de moda), que tanto se lleva en nuestra rica sociedad contemporánea. No hay nada mejor que pasar hambre voluntaria para perder peso y ganar energía, e incluso para conseguir mayor longevidad, nos dicen ahora los muchos gurús alimentarios que hay en todos los medios de comunicación y las redes sociales…



Las casi dos horas del ágape transcurrieron bien aprovechadas por todos, pues en un salado grupo de mujeres (que son siempre tan expresivas, sensibles y emocionales) y que charlan tantísimo, siendo los temas siempre interesantes, pues salen a relucir intimidades o vivencias que ellas gustan comunicar en petit comité...
Entre otros muchos, surgió el tema de las cigarreras sevillanas, del que la más veterana de ellas entiende un rato, pues ha trabajado en ello desde muy jovencita hasta su jubilación. También vimos fotos muy curiosas de otra compañera que se había vestido para una fiesta de cigarrera y visionamos un interesante video, así como otras fotos, por lo que surgió el tema de pintarse y retocarse como buenas féminas, habiendo al respecto diversas opiniones, pero quedando de acuerdo todas en que una buena capa de pintura (a cualquier edad) siempre mejora el aspecto y el semblante de la que así lo hace. El socorrido tema de los hijos y nietos no podía faltar, con fotos y caídas de baba continuadas de las protagonistas. Surgieron otros muchos asuntos que sirvieron para amenizar la reunión pues había -entre todos- un manifiesto, aunque tácito, deseo de agradar y pasárselo bien.



Todos los postres elegidos supieron a dulzura y exquisitez, aunque no todas los tomaron. Ya sabemos que nadie quiere engordar en demasía y estas ocasiones son pintiparadas para coger esos kilos que conforme vamos teniendo edad son tan difíciles de quitar. Y como se ha impuesto, en nuestra sociedad actual, la guerra y denigración del gordo por sistema, para arreglarlo, todos, en mayor o menor grado, contribuimos y lo sufrimos...
Nos echamos las fotos para la posteridad y un servidor (y su esposa) nos entretuvimos en fotografiar cada plato y postre que tomamos con el fin se recordar lo comido ese día, especialmente para cuando el curso que viene volvamos a juntarnos y nos preguntemos qué es lo que comimos el fin de curso anterior. ¡Nuestra memoria ya no es la que era…!

Terminamos encantados y satisfechos pues cada uno eligió lo que más le apeteció, en plan de buenas y riquísimas tapas. Nos alegramos de no haber escogido un restaurante en donde cada uno pide su primero, su segundo y el postre (aunque se podía haber hecho también en el Chispa) y terminar demasiado lleno, saliendo además mucho más caro. En los tiempos que corremos nunca está de más comer bien y lo más barato posible…
Noto que todas me estiman y me lo demuestran. Pedí a mis aplicadas “compas” que me enviasen (si les apetecía) sus mejores trabajos de patchwork de este curso para publicarlos yo en este articulillo, que solo soy alumno oyente y, a veces, incluso infiltrado, pues me entero de muchas cosillas que como es lógico, siendo personales, no voy a contar aquí.


Así, el lector de este artículo, podrá quedar admirado de la labor que hacen todas ellas a lo largo del curso y pueda hacerse una mínima idea de lo sobresalientes que son, incluida y especialmente su habilidosa maestra, pues ella está más que orgullosa de estas alumnas aventajadas, a un paso de llegar a la secundaria de patchwork, ya que demuestran su valía y aprovechamiento en dos horas semanales tan bien aprovechadas, trabajando y disfrutando, sin agobios y con mucho divertimento, que les sirve para surtir de magníficos regalos artesanales a casas propias o de familiares y/o amigos, cual muestra perenne del amor que todas ellas tienen a las labores clásicas y artísticas del hogar, con especial dedicación al patchwork. ¡Qué suerte tener esas manos…!
De vuelta del convite, ya en clase, sigue la charla continuada, aunque centrada en las dudas sobre los trabajos que cada una de ellas ha elegido y están finiquitando, pensando incluso en los deberes personales voluntarios del verano. A alguna le gusta llevarse deberes para casa y convertir el estío en más liviano y entretenido, huyendo siempre de la nefasta enfermedad de nuestro siglo y que atenaza a todo el mundo, pero especialmente a las personas jubiladas, que si no tienen la suerte de estar acompañadas en su día a día lo pasan muy mal, viviendo un infierno en esta tierra. ¡No hay cosa peor que la soledad obligada de por vida...!
Alguna espabilada y graciosa discente, con sorna e ironía, le pregunta a Salud cuáles son los libros que tiene que comprar para el curso que viene, pues comenzaremos sexto el próximo curso y no vale lo hecho en éste, como les pasa a los alumnos de infantil, primaria, secundaria, bachillerato, etc.



La maestra -al principio- no cogió la indirecta, hasta que la remató explicándole que «todas las alumnas tienen libertad para elegir el trabajo que quieran», añadiendo con sorna y fina ironía, «incluso -si quieren- pueden acolcharlo a otra compañera de forma gratuita» (como diciéndole «chupa del frasco, Carrasco.»).
Total que tras las risas, los cachondeos y los muchos chistes contados por Margarita esa tarde y otras muchas (que tiene el título ganado de ser la más chistosa del grupo, herencia indiscutible de su padre, que en paz descanse; y que tiene una memoria prodigiosa), tanto en la comida como en la clase, reforzaron el buen ambiente que se respira en este grupo, ya que las carcajadas correspondientes de todos hicieron livianas y divertidas las dos horas de clase, hasta que llegaron las 7 de la tarde en un pispás y todos nos dijimos, como siempre, «qué corto se ha hecho el curso».
Marchamos para Sevilla, la calurosa, o a otros destinos, en nuestros respectivos vehículos, ya fresquitos y satisfechos, con la perspectiva de los tres meses de vacaciones clásicos (julio, agosto y septiembre; pues comenzaremos, si Dios quiere, en octubre), pero en la certeza de que muy pronto nos veremos tras los calores del verano, las mismas compañeras: Menchu, Inma, Margarita, Janet, Conchita (que no pudo asistir a la comida por asuntos personales), Adela, Mari Carmen; y, un servidor, de oyente nuevamente. Y, si alguna más se apunta, bienvenida será…



Deseándonos mutuamente ser felices y tener las vacaciones lo más frescas y playeras posibles, nos dimos un fuerte abrazo agradecido, que nos servirá de recuerdo y revulsivo para este periodo estival súper tórrido que nos espera.
Acabaron todas embobadas (el grupo completo de las “A FARATÁ!!!”, como reza su nombre de grupo de WhatsApp, bautizado por su maestra) probando el limpiacristales que Salud acababa de adquirir por Amazon, donde a ella tanto le gusta comprar.

Todas decían lo mismo que en el restaurante sobre que te pongan la comida que sea en la mesa, «cualquier invento que venga al hogar a aliviar el duro trabajo doméstico (de la mujer principalmente), bien venido sea...» Ídem con los ventiladores baratos, prácticos y súper eficientes que Salud nos enseñó que había comprado para varias de sus habitaciones para paliar el caluroso estío que se nos avecina y anticipa...
Así que no solo se aprende patchwork en Valencina, sino cualquier actividad humana que se precie y sirva de acicate para la cohesión y el divertimento de este compacto y competente grupo de “A FARATÁ!!!” que se quieren tanto y se sienten como una extensión de la familia más cercana de cada una de sus componentes...
¡Feliz verano a todas; y a ti también, amable lector...!



Sevilla, 7 de julio de 2025.
Fernando Sánchez Resa
Comentarios
Publicar un comentario